En el artículo La Fase de Empatizar: El Corazón del Design Thinking en la Educación compartí una reflexión sobre la fase de Empatizar en Design Thinking, ese momento en el que nos detenemos a escuchar, observar y comprender antes de lanzarnos a proponer soluciones. Esa fase fue el punto de partida de una experiencia muy significativa en el aula.
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La fase de Definición en clases de Formulación y Evaluación de Proyectos de TI
Hoy quiero contarles cómo vivimos la fase de Definición en mi clase de Formulación y Evaluación de Proyectos de TI, con estudiantes de VIII semestre de Ingeniería de Sistemas. Y lo digo con sinceridad: aquí fue donde muchos dejaron de pensar solo en “hacer una app” y comenzaron a pensar de verdad en resolver un problema con sentido.
Todo empezó con una decisión metodológica que considero clave: en lugar de trabajar problemas ficticios o casos desconectados de la realidad, con mis estudiantes revisamos el plan de gobierno de la ciudad de Cartagena y algunas de sus apuestas estratégicas alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Ese ejercicio fue muy valioso, porque nos permitió conectar la formulación de proyectos de TI con desafíos reales del territorio.
Mientras avanzábamos en la revisión, fueron apareciendo temas que rápidamente despertaron interés en los equipos: movilidad, energías renovables, sostenibilidad y otros asuntos urbanos que hoy exigen respuestas inteligentes. Cada grupo escogió un tema, pero pronto comprendimos algo importante: elegir un tema no significa haber definido un problema.
Y ahí estuvo el verdadero reto:
Porque decir “movilidad” suena interesante, pero sigue siendo demasiado amplio. Lo mismo ocurre con “energía renovable”. En ese punto, mi tarea como docente fue ayudarles a pasar de la categoría general al problema concreto.
Es decir: precisar qué estaba ocurriendo, a quién afectaba, qué actores estaban implicados y por qué ese asunto podía convertirse en un proyecto de TI pertinente.
Para lograrlo, trabajé con ellos dos técnicas muy útiles: el Mapa de Actores y las preguntas “¿Cómo podríamos…?”.
Mapa de Actores
Primero, cada grupo elaboró su Mapa de Actores. Este paso fue clave porque les permitió visualizar que detrás de cada problema existe una red de personas, roles e intereses. Ya no estábamos hablando de “usuarios” en abstracto, sino de actores concretos que influyen, deciden, operan, se ven afectados o pueden bloquear una solución. Ese ejercicio ayudó muchísimo a ordenar la mirada. Los estudiantes comenzaron a entender que un problema no se mueve solo por tecnología, sino por relaciones, decisiones y contextos.
“¿Cómo podríamos…?”
Después de eso, vino un momento que disfruté bastante en clase: tomar los hallazgos y convertirlos en preguntas poderosas. Allí utilizamos la técnica de “¿Cómo podríamos…?”. A partir de lo que habían encontrado, cada equipo formuló retos de diseño TI en forma de pregunta. Este paso cambió por completo la conversación.
¿Por qué? Porque en vez de correr a proponer una solución cerrada, los estudiantes aprendieron a abrir posibilidades. Dejaron de decir “vamos a hacer una plataforma” y empezaron a preguntarse cosas más valiosas:
Y ahí ocurrió algo hermoso desde lo pedagógico: comenzaron a pensar mejor.
La técnica les permitió darle dirección al problema sin amarrarse todavía a una única respuesta. Eso hizo que el ejercicio fuera mucho más maduro. Los proyectos empezaron a ganar foco, claridad y coherencia. Ya no se trataba de ideas sueltas con apariencia innovadora, sino de propuestas nacidas de una comprensión más rigurosa del contexto.
Resultados de la fase de Definición
Con mis estudiantes, esta fase nos dejó una lección muy poderosa: definir bien no retrasa el proyecto; lo fortalece. De hecho, gracias a este proceso, cada grupo pudo mejorar la descripción del problema, justificar mejor su propuesta, delimitar su alcance y plantear objetivos más coherentes. Pero, sobre todo, comprendieron algo que para mí es fundamental en la formación de ingenieros.
La tecnología no debe ser el punto de partida, sino la respuesta a una necesidad real, bien comprendida y bien formulada.
Como profesor, me quedó una satisfacción enorme al ver cómo los estudiantes empezaron a leer la ciudad no solo como ciudadanos, sino también como futuros profesionales capaces de intervenirla con criterio. El plan de gobierno dejó de ser un documento lejano; los ODS dejaron de ser una sigla decorativa; y la formulación de proyectos dejó de ser un simple requisito académico. Todo comenzó a tener sentido.
Al final, eso es lo que más valoro de la fase de Definición: nos obliga a pensar con más profundidad. Nos pide menos afán y más claridad. Nos recuerda que detrás de todo buen proyecto no hay solo una buena idea, sino una buena lectura del problema.
Y en tiempos donde abundan las soluciones rápidas, enseñar a definir bien sigue siendo, quizás, una de las tareas más inteligentes y más humanas que podemos hacer en el aula.
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Joaquín Lara Sierra
Certified Associate in Project Management (CAPM)®. Project Management Institute. Scrum Fundamentals Certified. SCRUM Study - Accreditation Body for Scrum and Agile. Magister en Educación con énfasis en Dirección en Instituciones Educativas. Especialista en Gestión de Proyectos, Licenciado en Gestión Educativa, Candidato a Magister Gestión de Proyectos, Tecnólogo en Sistemas de Información. Diplomatura en Gestión y Planificación de Proyectos de I+D, Diplomatura en Transformación Digital. Experiencia en Proyectos E-learning, Experiencia en Design Thinking Educativo y Metodologías Activas en Educación.
Blog Personal: https://www.joaquinlarasierra.net/